La parábola de las Tullerías o las ‘diferencias’ de la economía de la cultura

La mayoría de los expertos en industrias culturales recuerdan que la cultura tiene sus propias reglas económicas, muy distintas a las de la macroeconomía general
Elena Ayuso / Madrid
Los recortes a la inversión estatal en cultura y el incremento del IVA a partir del próximo mes de septiembre han provocado el rechazo unánime de los profesionales del sector, cuyas voces se alzan para intentar animar la industria cultural. En un momento en que muchas instituciones luchan por su supervivencia, el museo Esteban Vicente de Segovia ha abierto una suscripción popular para evitar el cierre temporal. La mayoría de los expertos en industrias culturales recuerdan que la cultura tiene sus propias reglas económicas, muy distintas a las de la macroeconomía general.
Las manifestaciones, alegatos y acciones en contra emprendidas por los profesionales de la cultura comienzan a ser diarias, arropadas por declaraciones como las de la consejera de Cultura del Gobierno Vasco, Blanca Urgell, para quien la cultura es un “motor de cambio” de una sociedad que “se ve acechada por la crisis”. O como el consultor Toni González, que opina que “el Gobierno ha dejado claro que no hay ningún interés en desarrollar ninguna política cultural”. Cree que las medidas anunciadas por el Ejecutivo convierten a España en un caso único, ya que “se aleja del modelo europeo, basado en un IVA superreducido y subsidios públicos como fórmulas de financiación cultural, pero también del anglosajón, que se centra en una política mercantilista en la que el Estado promueve el mecenazgo y las aportaciones privadas gracias a importantes incentivos fiscales”. Ve como única salida la internacionalización, aunque reconoce que España no está preparada para ello. González afirma que “la cultura no es un producto mercantil como otro cualquiera”.
En efecto, a partir del 1 de septiembre los españoles pagaremos más que cualquier otro ciudadano de la zona euro si acudimos a ver una obra de teatro, un concierto o una película. Tan sólo el libro impreso se ha salvado y conservará el tipo de IVA superreducido del 4%.
Sin embargo, una vez más, habría que mirar al norte y ver cómo en Francia, desde que se ha bajado el IVA, aumentó la venta de libros.Fue en el país vecino donde en el pasado mes de abril, un video de corta duración dio mucho que hablar. Se titula La parábola de las Tullerías y fue publicado por Le Monde:http://www.lemonde.fr/culture/video/2012/03/09/la-parabole-des-tuileries-ou-pourquoi-l-economie-de-la-culture-a-ses-propres-regles_1655765_3246.html
El clip refleja de forma muy gráfica cómo la industria cultural pone patas arriba el principio económico de la utilidad marginal decreciente y defiende la apuesta por la cultura. En 4 minutos se explica cómo la economía de la cultura tiene sus propias reglas.
Una economía peculiar

En efecto, en cultura la actitud del consumidor es muy peculiar. Cuando tenemos sed, apreciamos un refresco. Podemos incluso caer en la tentación de beber otro más, pero renunciaremos al tercero. Nos hemos saciado y no queremos más. Este hecho tan simple, ejemplo de la noción estudiada en economía y denominada utilidad marginal decreciente, no ocurre ante un hecho cultural.

Cuando escuchamos a Mozart, lo apreciamos. Si lo escuchamos una segunda vez, nuestro interés aumentará y nos llevará a seguir disfrutando de la música del compositor austríaco en sucesivas ocasiones.Quizás las primera vez que oímos hablar de Mozart fue en la escuela, en clase de Música. Gracias a esa clase, subvencionada por el Estado, hemos adquirido diversos cds de Mozart. O hemos acudido incluso a conciertos…. Hemos consumido gracias a la inversión inicial del Estado. Es el efecto multiplicador de la inversión cultural. Que justifica la inversión pública en la cultura.

Por todo ello, expertos en industrias culturales consultados por ARN no comparten que se apliquen medidas económicas a un fenómeno que se comporta de acuerdo a principios muy distintos, ya que entienden que no surtirán ningún efecto positivo. La profesora y economista Françoise Denhamou sostiene que “los bienes culturales merecen ser subvencionados indirectamente ya que contribuyen al bienestar social y a la formación de los hombres”.Leer en:

http://arndigital.com/cultura-y-sociedad/noticias/3183/la-parabola-de-las-tullerias-o-las-diferencias-de-la-economia-de-la-cultura-160/